Historia

En 1977 las mujeres de la familia Jaycee en Grand Haven se unieron para responder a una necesidad cada vez más grande en su comunidad: la seguridad y el apoyo a las víctimas de asalto sexual y violencia doméstica. Trabajando juntas, estas mujeres pioneras crearon el Centro para Mujeres en  Transición, el cual proporcionaría un plan de seguridad y servicios de apoyo para mujeres y sus familias que están huyendo de situaciones abusivas.

El año siguiente trajo la apertura de la primera oficina del Centro, ubicada en la calle Washington en Grand Haven. Los servicios iniciales incluían asesoramiento, servicios de abogacía y grupos de apoyo, así como una línea de crisis las 24 horas del día. Como un claro recordatorio de la necesidad de una agencia como el Centro, la línea de crisis tuvo tanta demanda que recibió sesenta llamadas antes de que el número fuera publicado.

En 1979, el Centro comenzó una colaboración con la Iglesia Cristiana Reformada Classis de Holland, lo que llevó a la apertura de un refugio seguro para mujeres huyendo de la violencia. La Iglesia Reformada contrató personal y proporcionó el financiamiento para Hospitality House, mientras que el Centro ofrecía respuesta a las crisis, evaluaciones, asesoramiento y otros servicios de apoyo. A ese momento, Hospitality House era el único refugio disponible entre Muskegon y Benton Harbor, permaneciendo así hasta 1985.

Con el tiempo, la demanda de recursos del Centro hizo necesario el traslado a una nueva ubicación. Comisionados del Condado de Ottawa autorizaron el uso de un edificio en Grand Haven en 1984 para ser utilizado para un programa transitorio de vivienda operado por el Centro. Este espacio sirvió como el primer albergue oficial dirigido exclusivamente por el Centro. Los servicios se expandieron de acuerdo a las necesidades de la comunidad. En 1986, el Centro para Mujeres en Transición estaba sirviendo un promedio de 633 mujeres por año, con un crecimiento constante cada año. La necesidad de un espacio de emergencia se hizo evidente.

En 1989, el Centro adquirió una casa de cinco dormitorios en Holland y comenzó a trabajar para convertir este espacio en un refugio de emergencia. Nombrado en memoria de una mujer que había sido asesinada por su pareja, Ginny’s Place se convirtió en la única opción para muchas mujeres en el condado de Ottawa quienes estaban huyendo de la violencia. Para el año 2000, se ofrecían servicios adicionales de apoyo disponibles para sobrevivientes, incluyendo grupos, servicios de agresión sexual, programación vocacional, servicios para niños, y vivienda transitoria.

El 2002 marcó un año importante, ya que el Centro celebró su 25º Aniversario y fue inaugurado un nuevo centro en Holland en la calle Butternut Drive. Este edificio fue financiado a través de una campaña de capital de 2.5 millones de dólares, incluyendo una subvención-desafío de $300,000 dólares otorgada por la Fundación Kresge. El centro del programa sirve hoy como una ubicación esencial para el Centro, con oficinas satélites localizadas en Grand Haven y Allegan.

En la actualidad, el Centro ofrece un refugio seguro, vivienda transitoria, intervención en crisis, consejería de apoyo, enfermeras especializadas en casos de agresión sexual (SANE, por sus siglas en inglés), terapia de asalto sexual, defensa legal, Wardrobe for Work (ropa para entrevistas de trabajo), grupos de apoyo, servicios comunitarios y programas educativos para relaciones saludables — incluyendo Girls on the Run. Anualmente, más de 3,000 mujeres y sus familias reciben servicios y asistencia.

Gracias a los esfuerzos de un grupo dedicado de personal y voluntarios, en la actualidad el Centro no sólo proporciona seguridad a personas huyendo del abuso, sino que se ha convertido en una agencia fuerte y sólida, la cual ofrece una gama completa de servicios de apoyo con un equipo dinámico de profesionales. El Centro es reconocido en todo Michigan no sólo como un modelo de excelencia en el servicio al cliente de primera línea sino también en sus operaciones detrás de la acción. Esa reputación continua es un mérito al liderazgo pasado y presente, al personal y voluntarios, quienes son un grupo apasionado e incansable para quiénes la labor de llevar a su máximo potencial a víctimas de violencia doméstica y asalto sexual es más que un trabajo, es una vocación.